viernes, 19 de octubre de 2018

Marchita primavera

[...]

El día que comprendas
La futilidad de intentar salvar lo inexistente...
El día que comprendas
que la maldad sí existe
que nada de lo que se dice
antes de un pero cuenta,
y que no existe un porque
tras cada decisión.
Igual que no toda mala acción
se deja acompañar de arrepentimiento...

Ese día,
te prometo,
serás libre.

lunes, 15 de octubre de 2018

Tres huellas y un atardecer

Tengo tres atardeceres marcados en la piel
En la vista, y en la memoria.

El primero ocurrió
En lo alto de unas montañas Marroquíes
Lo intento describir aunque el solo recuerdo
Se me haga inimaginable.
Las montañas hacían de sus curvas sendero,
Y no había fin. No había fin.
El cielo tenía más tonalidades de las que nunca podrías imaginar,
Y, mientras el sol se iba,
Todo el paisaje cambiaba.
Y sentada en la roca pensaba
Que vivir con tan poco a veces es más que suficiente.
No había farolas que pudiesen encenderse
Así que el cielo se encendió solo.
Creo que no volveré a verlo tan estrellado en mi vida.
La luz de las estrellas se creía luna
Y juro que por un momento realmente tocábamos el firmamento con las manos,
Aunque se nos hiciese infinito.

El segundo fue traído por el mar,
En la Costa Irlandesa,
No había ruido
Pero una banda sonora comenzó a sonar en mi cabeza.
Y el viento soplaba en forma de brisa suave
Que allí nadie comprendía.
Era verano, por primera vez en quince años allí era verano.
Recuerdo contemplarlo y no saber que hacer con tanta emoción.
Recuerdo llenarme los pulmones mientras escuchaba Hope de Little Hours.
El mar se me hacía inmenso
Y el cielo inexplicable.

El tercero no vistió paisajes,
No hubo montañas, ni mar, ni ríos.
No salía de cuentos ni novelas pastoriles.
El tercero se dejó sorprender por enormes rascacielos,
Que desafiantes buscaban rozar el cielo,
Atravesar con su frío metal las nubes.
Robar un suspiro al viento y tentar a las alturas.
Este atardecer tampoco vistió sol
ni luna cuando oscureció.
Se encapotó y realmente pensé que eso se llevaría toda su belleza.
Sin embargo, por primera vez, la luz y la magia se refugiaban en miles de ventanas mojadas.
Todo se fue iluminando poco a poco.
Destellos salían de toda la ciudad a la vez
Que todos guardábamos silencio.
Desde aquel piso 67 vimos el Empire States brillar.
Os prometo, la inmensidad de aquello podría sobrecoger a cualquiera.
Esta vez escuchaba "Tal vez te acuerdes de mí" de Andrés Suárez.
Me imaginé a Nueva York cantandola y la duda estuvo al borde de mi ofensa.
¿Quién en su sano juicio podría olvidar ese instante?

Analizar los atardeceres me ha llevado a la conclusión
De que ellos solos son el punto y final.
No necesitan análisis sino sentimientos.
Los atardeceres te matan como acaban con el día y aún con eso, te hacen sentir un poco más vivo. porque son la única forma suave de acabar.
Y no importa cuando ni como, siempre te llenarán el alma si los observas con atención.





domingo, 30 de septiembre de 2018

A ellos, que todavía no han vivido.

Que brillen, que griten.
Que no sepan dónde guardar tanta magia. 
Que lloren, que rían. 
Que sepan que en la vida 
En esta vida tan valorizada y quizá no tan valiosa 
No todo es blanco o negro.
Que admiren y sufran.
Y vean que hasta la justicia más evidente 
Puede verse insignificante y desechable a ojos del codicioso.
Que aprendan. 
Que dejen de excusarse 
Que prosperen 
Que no se rindan y crean en sí mismos 
Sin rozar ni por un instante el mínimo egocentrismo.
Que bailen. Que se tropiecen con sus pasos.
Y asimilen que en esos tropiezos está su avance.
Que respiren. Y lean. Y canten. Y jueguen.
Y mantengan la inocencia que a todos nos acompañaba en un principio.
Que vivan. Y teman. Y sean valientes.
Que no cedan ante una herida 
Y persigan siempre sus ideales 
Siguiendo sus principios.
Que no den cabida a la queja ni al lamento.
Que toda lágrima que derramen sirva para llevarles aún más lejos.

lunes, 9 de abril de 2018

ARTe

¿Dónde está el límite?
¿Deberíamos verlo en cualquier cosa
O ser estrictos y escoger esa palabra en contadas ocasiones?
¿Acaso tiene cualquier cosa la oportunidad de convertirse en obra maestra? 

Quiénes somos nosotros, para poner limites a lo abstracto.
Para delimitar fronteras en un campo que se guía por realidades y sentimientos. 
¿Tiene alguien el poder de juzgar qué es arte y qué no? 

sábado, 17 de febrero de 2018

P L A T Ó N I C O

Quiero encontrar a un buscador de sencillez,
A quien no le entristezca una escala de grises.
Y vea mil salidas en un lienzo en blanco.

Busco no buscarlo. El encontronazo. La casualidad o causalidad de la vida.

Quiero toparme con quien vea magia en fotos borrosas.
Con quien tiemble en notas musicales y quiera crecer sin necesidad de empequeñecer a nadie.

Busco a alguien diferente que no se sienta así. 
Alguien distinto que tan solo se proclame simple sin saber las mil galaxias que lleva dentro.

Alguien que emane arte sin quererlo,
Que se enamore de Neruda,
Llore con Milanés 
Y renazca en un solo de John Mayer.

Alguien a quien le apasione descubrir cosas nuevas mas no se sienta incómodo en el reposo.

(Un descanso tan solo es una oportunidad apreciar mejor lo que te rodea.)

Quiero a alguien alérgico al foco. Que nunca busque el brillo propio. Ni ser recordado por miles.

Quiero un fantasioso. Cinéfilo. Enamorado de la vida. Y las fotos en blanco y negro. De las noches estrelladas. De buscar constelaciones en miradas. De los escalofríos que implique una caricia.

Que busque triunfar consigo mismo. Que vivir y hacer que los demás se sientan vivos sea su meta más importante.

Alguien que desee mil vidas para poder hacer todo aquello que tiene en mente. Alguien que desee días de 48 horas.
Y solo quiera llenarse
De experiencias,
Sabiduría 
Vida.

Busco tanto en una única persona que me siento imposible y sin embargo, todo aquello por lo que sueño se podría reducir a esto:

Un alma libre incapaz de comprender la palabra conformismo.

jueves, 26 de octubre de 2017

¿De verdad sigue siendo cicatriz si ya no recuerdas cómo te la hiciste?

Una vez me dijeron que el jazz se entiende a partir del séptimo whiskey.

Desde entonces cada vez que suena un saxo me dejo llevar sin comprender nada. 

Sigo preguntándome el por qué de todo, por qué me impactan cosas que ya no tienen ni razón ni motivo.

Quizá si digo en voz alta que lo he olvidado me convezca de que es cierto.
Y volveré a perderme en pentagramas donde notas comprenden mejor que las personas. 

Me iré donde el ruido se vuelve arte, música y acaba en jazz desorientando a cualquiera que intente comprenderlo estando sobrio.

¿De verdad  es lo mismo dejar huella que dejar marca? 
Cómo comparar el tacto de un roce perfecto a un golpe fortuito contra el lugar preciso. 

¿Qué clase de belleza es esa que defiende y define las debilidades? 

En un arrebato tiemblo y pienso que quizás echar de menos no es tan malo.
Que en cuerpo y alma no me quedan heridas ni cicatrices,
 si acaso, 
alguna que otra marca como forma de decir que aquí hubo una vez un sentimiento inefable 
y sin embargo, con el tiempo, ni siquiera el dolor ha encontrado la forma de quedarse. 

domingo, 23 de julio de 2017

Poetas

La mayoría de poetas escribe cuando duele.
Cuando el corazón sangra recuerdos que manchan de versos las páginas del cuaderno.

La mayoría de poetas ve un espacio en blanco y no puede evitar escribir. Cualquier cosa, tan solo por eludir esa sensación de vacío.

La mayoría de poetas habla de todo aquello que desearía olvidar y sin embargo revive en su memoria.

La mayoría de poetas vive con el miedo a no reconocer qué sienten. A tropiezar cada vez que intentan tomar nota de ello.

Pocos poetas son capaces de enamorarse de un atardecer, y no dejar constancia de ello en ninguna parte.

Pocos poetas son capaces de sentir sin dejar que esos sentimientos marquen huella en sus corazones.

Porque así somos. Remarcamos todo aquello que nos mata o, por el contrario, nos hace sentir vivos.

Es nuestra forma de convertir los fantasmas en poesía.