Mayo se moría de envidia.
Quería ser abril.
Lloró mares que acabaron en océanos
Y así fue que todo acabó encharcado.
A mediados de una primavera temprana
El Sol se había olvidado de nosotros
Y los paraguas pedían clemencia.
Todo se llenó de poemas tristes
Y canciones melancólicas.
La lluvia me lo ha confesado.
Esta harta de que la relacionen con nostalgia y frío. Y soledad. Y tardes de domingo.
La he sonreído siendo incapaz de confesar que hay cosas que no pueden cambiarse.
Y sintiéndome vacía he contado las gotas que caían en la ventana. He querido llorar de pena y he vuelto a sentirme culpable.
Cuándo será que por fin queramos llorar de alegría viendo la tormenta.